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martes, 21 de junio de 2016

Manuel Belgrano



Manuel Belgrano
(1770-1820)
Autor: Felipe Pigna
Manuel Belgrano nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770. El joven Belgrano estudió en el Colegio de San Carlos y luego en las Universidades de Salamanca y Valladolid (España). En 1793 Belgrano se recibió de abogado y ese mismo año, ya en Buenos Aires, fué designado a los 23 años como primer secretario del Consulado. Desde allí se propuso fomentar la educación y capacitar a la gente para que aprendiera oficios y pudiera aplicarlos en beneficio del país. Creó escuelas de Dibujo, de Matemáticas y Náutica. En 1806 durante las invasiones inglesas, se incorporó a las milicias criollas para defender la ciudad. A partir de entonces, compartirá su pasión por la política y la economía con una carrera militar que no lo entusiasmaba demasiado. Pensaba que podía ser más útil aplicando sus amplios conocimientos económicos y políticos. Cumplió un rol protagónico en la Revolución de Mayo y fue nombrado vocal. Se le encomendó la expedición al Paraguay. En su transcurso creó la bandera el 27 de febrero de 1812. En el Norte encabezó el heroico éxodo del pueblo jujeño y logró las grandes victorias de Tucumán (24-9-1812) y Salta (20-2-1813). Luego vendrán las derrotas de Vilcapugio (1-10-1813) y Ayohuma (14-11-1813) y su retiro del Ejército del Norte. En 1816 participará activamente en el Congreso de Tucumán.
Como premio por los triunfos de Tucumán y Salta, la Asamblea del Año XIII le otorgó a Belgrano 40.000 pesos oro. Don Manuel lo destinará a la construcción de cuatro escuelas públicas ubicadas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Belgrano redactó además un moderno reglamento para estas escuelas que decía, por ejemplo, en su artículo primero que el maestro de escuela debe ser bien remunerado por ser su tarea de las más importantes de las que se puedan ejercer. Pero lamentablemente, el dinero donado por Belgrano fue destinado por el Triunvirato y los gobiernos sucesivos a otras cosas y las escuelas nunca se construyeron.
Belgrano murió en la pobreza total el 20 de junio de 1820 en una Buenos Aires asolada por la guerra civil que llegó a tener ese día tres gobernadores distintos. Sólo un diario, El Despertador Teofilantrópico se ocupó de la muerte de Belgrano. Para los demás no fue noticia.

miércoles, 15 de junio de 2016

Martin Miguel de Güemes


Para saber porque es feriado el 17 de junio, un poco de información sobre Güemes y la guerra gaucha

Autor: Felipe Pigna
El hombre que durante años sería la pesadilla de los ejércitos españoles con sus tácticas guerrilleras, nació en Salta el 8 de febrero de 1785. A los catorce años ingresó en la carrera militar incorporándose al “Fijo de Infantería” que estaba acantonado en Salta. Participó en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas y al producirse la Revolución de Mayo, se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las tropas victoriosas en Suipacha.
Desde 1814 Güemes se había puesto al frente de una partida cada vez más nutrida de gauchos guerrilleros que les hacía literalmente la vida imposible a los invasores.
El general San Martín, designado en reemplazo de Belgrano en el Ejército del Norte, recorrió la zona de combate a comienzos de aquel año y pudo comprobar las atrocidades cometidas por los españoles contra nuestra gente. Los “civilizadores” no respetaban mujeres, niños ni ancianos. Veían en los pueblos por los que pasaban el semillero de los rebeldes, desconfiaban de todos y no se equivocaban, todos eran sus enemigos. La estrategia española era el saqueo, el robo, el asesinato en masa. Indignado por lo que vio y orgulloso de la acción de los hombres de Güemes, el “Jefe” aprobó lo actuado y le ratificó los beneficios de su táctica guerrillera.
El 3 de agosto de 1814 las tropas al mando de Güemes obligaron al jefe realista Joaquín de la Pezuela a evacuar Salta y ponerse en retirada hacia el Alto Perú. En su desesperación, los invasores fueron abandonando su parque, que fue capturado por los gauchos conocidos como “los infernales”, no sólo por el color rojo de sus ponchos.
Al año siguiente lograron madrugar al ejército enemigo y derrotarlo en el Puesto del Marqués el 14 de abril de 1815. El saldo fue un tanto desparejo: los invasores sufrieron 120 muertos y 122 prisioneros; los nuestros, dos heridos.
El triunfo de Puesto del Marqués aumentó el prestigio de Güemes en Salta. El 6 de mayo de aquel año 15, el Cabildo local lo designó gobernador de la provincia. Gracias a su experiencia militar, se puso al frente de la resistencia a los realistas, organizando al pueblo de Salta y militarizando la provincia para frenar a los ejércitos del rey.
Pronto comprendió que tendría que arreglárselas solo para cumplirle al único jefe que reconocía: don José de San Martín quien tendrá permanentes expresiones de elogio y gratitud para con Güemes y sus gauchos. Su vital tarea de contención y distracción de las tropas españolas resultó imprescindible para encarar el cruce de los Andes y desarrollar con éxito la campaña libertadora.
El ejército infernal se ponía en marcha. No había leva forzosa, todos eran voluntarios. Desde los “changuitos” que apenas podían montar hasta los viejos baquianos, desde las mujeres que formaban una eficiente red de espionaje, hasta los curas gauchos que usaban los campanarios como torretas de vigías y sus campanas como alarma ante la presencia del enemigo. Todo un pueblo en armas. Machetes, lanzas, azadas, boleadoras y unos pocos fusiles y carabinas eran las armas de aquel pueblo que aprendía junto a su jefe que estaban solos para enfrentar al ejército que acababa de vencer a Napoleón.
Las tácticas guerrilleras de Güemes cobraron fama mundial y han sido objeto de estudio en academias militares tan lejanas como la de Yugoslavia. La Biblioteca del Oficial del Círculo Militar argentino publicó un curioso libro titulado La guerrilla en la guerra, cuyo autor es el mayor Borivoje S. Radulovic del ejército yugoslavo. En uno de sus párrafos dice Radulovic: “Las montoneras de Güemes hicieron una guerra sin cuartel que ha pasado a la historia como Guerra Gaucha. Cada uno de los miembros serviría de modelo para fundir en bronce la estatua del soldado irregular, del guerrillero.
El capitán español Pedro Antonio Olañeta fue comisionado por el virrey del Perú para sobornar a Güemes quien lo paró en seco: “Yo no tengo más que gauchos honrados y valientes. No son asesinos sino de los tiranos que quieren esclavizarlos. Con éstos únicamente espero a Ud., a su ejército y a cuantos mande de España. Convénzanse Uds. que jamás lograrán seducir no a oficiales, sino ni al más infeliz gaucho. En el magnánimo corazón de estos hombres no tiene acogida el interés, ni otro premio que su libertad; (…)el pueblo que quiere ser libre, no hay poder humano que lo sujete.” 1
Los pedidos de ayuda de Güemes eran permanentes. No se resignaba a aceptar que a Buenos Aires no le importaba perder las provincias del Norte. Pero los auxilios no llegaron nunca. La situación se volvía insostenible: las clases altas salteñas le retaceaban su apoyo por el temor de aumentar el poder de Güemes y por la desconfianza que le despertaban las partidas de gauchos armados, a los que sólo toleraban ver en su rol de peones de sus haciendas. El gobernador Güemes tomó la decisión de aplicarles empréstitos forzosos sobre sus fortunas y haciendas.
Varios de ellos habían huido a reunirse con el enemigo, y fueron ellos los que guiaron a la vanguardia española conducida por José María Valdés, apodado “el Barbarucho”, un coronel salteño traidor que estaba a las órdenes del ejército español.
Las fuerzas de Barbarucho avanzaron hasta ocupar Salta con el inestimable apoyo de los terratenientes y comerciantes el 7 de junio de 1821.
Güemes se refugió en casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, más conocida como “Macacha”. Mientras escribía una carta escuchó disparos y decidió salir por la puerta trasera. Logró montar su caballo y emprenderla al galope pero recibió un balazo en la espalda. Llegó gravemente herido a su campamento de Chamical con la intención de preparar la novena defensa de Salta.
Finalmente fue trasladado a la Cañada de la Horqueta donde pasó sus últimos diez días de vida. En dos ocasiones el jefe español Olañeta le envió emisarios. Le ofrecía un médico y remedios, y volvía a intentar sobornarlo. Güemes les respondió convocando a su segundo al que le ordenó: “Coronel Vidt, ¡tome usted el mando de las tropas y marche inmediatamente a poner sitio a la ciudad y no me descanse hasta no arrojar fuera de la Patria al enemigo!” Miró al oficial español que le traía la nota de Olañeta y le dijo: “Señor oficial, está usted despachado”.
El 17 de junio de 1821 los pobres de Salta y sus alrededores se quedaron sin padre. Moría Martín Miguel de Güemes el hombre que había rechazado con sus infernales nueve invasiones españolas. Todo aquel pueblo que lo había acompañado en las buenas y en las malas, concurrió en masa a su entierro en la Capilla de Chamical.
Mientras tanto, la Gaceta de Buenos Aires, muy lejos de los ideales de su fundador, Mariano Moreno, informaba feliz y desvergonzadamente a sus escasos pero influyentes lectores: “Murió el abominable Güemes al huir de la sorpresa que le hicieron los enemigos. ¡Ya tenemos un cacique menos!”

lunes, 28 de abril de 2014

Año 2014- Año de las letras argentinas

Año de las letras argentinas en conmemoración del centésimo aniversario de los nacimientos de Julio Cortázar y Adolfo Bioy Casares 



Julio Cortázar
Julio Cortázar
Julio Cortázar nació en Bruselas el 26 de agosto de 1914. Cuando tenía cuatro años de edad se mudó con sus padres a Argentina, donde pasó su infancia, adolescencia y parte de su juventud. En 1951 se trasladó a París, donde comenzó a trabajar como traductor para la Unesco y realizó sus primeras publicaciones.
De su obra puede rescatarse la increíble capacidad para mezclar fantasía con realidad y crear tramas estupendas y atrapantes. Si bien escribió principalmente relatos, también dejó algunas novelas y varios poemarios; era un autor absolutamente apasionado por las letras en general y supo destacarse en todo género que abordó. El rasgo que mejor lo definía era la soledad, así lo expresó en más de una ocasión, considerando que sólo a través de la reclusión y la cercanía con uno mismo era posible escribir algo medianamente bueno.
Sin duda fue uno de los autores consagrados del siglo pasado más irreemplazables. Dejó obras como "Bestiario", "Final del juego" e "Historias de Cronopios y de Famas" que lo han puesto en la lista de escritores más leídos de nuestro tiempo. En nuestra web podrás leer algunas de sus poesías, tales como "Una idea", "Nocturno" y "Poema a Dios, ese pajarito mandón".

Adolfo Bioy Casares
Adolfo Bioy CasaresAdolfo Bioy Casares, escritor, traductor, periodista y editor argentino que nació el 15 de septiembre  de 1914 en Buenos Aires y murió, también en esa ciudad, el 8 de marzo de 1999.Hijo de Adolfo Bioy y Marta Casares, se crió en el seno de una familia de buen nivel económico. A los 11 años, Bioy Casares ya había creado su primer relato, “Iris y Margarita” y, años después, comenzó a escribir junto a su amigo Borges (a quien conoció por intermedio de Victoria Ocampo) varios relatos policiales bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq.
Gracias al estilo clásico y depurado de sus obras, a través de las cuales impulsó el género fantástico, en 1981 obtuvo la membresía a la Legión de Honor francesa y, en 1986, fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Además, en 1990 fue distinguido con el Premio Cervantes, entre otros reconocimientos.
Entre sus datos familiares, cabe destacar que en 1934 conoció a Silvina Ocampo, con quien se casaría en 1940 y enviudaría en 1993. Un año después, en 1994, sufrió el fallecimiento de su hija, Marta Bioy.
“La invención de Morel”“Plan de evasión”“El sueño de los héroes”“De un mundo a otro”“El lado de la sombra”“Diario de la guerra del cerdo”“La muñeca rusa”“Historias fantásticas”“El héroe de las mujeres” y “Una magia modesta” son algunas de las obras que forman parte del legado literario de Adolfo Bioy Casares, cuyos restos descansan en el Cementerio de la Recoleta.

martes, 10 de septiembre de 2013

Domingo Faustino Sarmiento



Político y escritor argentino (San Juan, 1811 - Asunción del Paraguay, 1888). Domingo Faustino Sarmiento realizó sus primeros estudios en su provincia natal y en la de San Luis, bajo la dirección de los presbíteros José de Oro y Juan Pascual Albarracín, con los que tenía parentesco. Las guerras civiles, sus ideas liberales y sus enfrentamientos con los caudillos federales (Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga, etc.) le obligaron a emigrar a Chile, en donde trabajó como maestro, minero y empleado de comercio.
El asesinato de Quiroga y la política del gobernador de San Juan, el general Nazario Benavídez, posibilitaron el regreso de Domingo Faustino Sarmiento a su provincia, en la que fundó una sociedad literaria, un colegio de señoritas y el periódico El Zonda.
La línea ideológica del periódico le obligó a emigrar nuevamente a Chile, donde ejerció el periodismo y cultivó la literatura. Fue redactor de El Mercurio y El Heraldo Nacional, colaboró en El Nacional y fundó El Progreso. En 1845 su prestigio como pedagogo hizo que el presidente de Chile, Manuel Montt, le encomendase la realización de estudios sobre los sistemas educativos en Estados Unidos y Europa.
En 1851 ingresó en el ejército de Justo José de Urquiza como gacetillero. Caído Rosas, Sarmiento se enfrentó con Urquiza y tomó nuevamente el camino del destierro. Por estos años polemizó con Juan Bautista Alberdi en torno a la política de Urquiza y a la Confederación.
Regresó al país en 1855 y fue nombrado gobernador de San Juan, puesto desde el que impulsó la educación pública y la guerra contra los caudillos. Desempeñó posteriormente el cargo de embajador plenipotenciario en los EE.UU.
En 1868 Domingo Faustino Sarmiento fue elegido presidente de la República (1868–1874). Impulsó el desarrollo de las obras públicas y de las ciencias, fundó el departamento de Agricultura, el Colegio Militar y la Escuela Naval. Durante su mandato concluyó la guerra del Paraguay, en la que murió su hijo Dominguito.
A lo largo de la presidencia de su sucesor, Nicolás Avellaneda, fue designado senador por la provincia de San Juan, director de Escuelas de la provincia de Buenos Aires, ministro del Interior, etc. Retirado de la política, se trasladó a Asunción del Paraguay en donde falleció.
Como escritor, Domingo Faustino Sarmiento se caracterizó por su fuerza expresiva. Su obra cumbre fue Facundo o Civilización y barbarie, también se destacan: Recuerdos de Provincia, Argirópolis, Viajes por Europa, África y América, La Educación Popular, Campaña del Ejército Grande, Las ciento y una, Conflictos y armonías de las razas en América, etc.